Mientras nuestros ministerios de debaten entre obstaculizar o promover el consumo de vino, lo cierto es que la cantidad per capita sigue bajando año tras año. Y no todo se debe a campañas gubernamentales ni realmente a cambios en el gusto del consumidor. El vino está más de moda que nunca, pero la caida en el consumo de vinos de mesa (el clásico vino de diario) no se ha visto compensada con un aumento proporcional en el consumo de vinos de calidad.

Uno de los factores que más desincentiva la compra de vino es que es un producto básicamente para iniciados, para gente que sabe, para connoisseurs. La infinidad de denominaciones de origen, varietales y el vocabulario totalmente estrambótico de la cata intimidan al principiante. La infinidad de marcas y tipos, así como la enorme disparidad de precios marean más que ayudan al cliente no iniciado.

Más aun, en muchos casos, ante una carta de vinos extensa y ante la dificultad para escojer un vino adecuado y para evaluar la relación calidad precio de la oferta… ¡optará por la cerveza!.

Por eso me ha encantado esta iniciativa. Vino que va bien con…

Vino que va bien con...

 … pizza, con pollo asado… simplemente, vinos que se saltan DO, varietal o incluso cata y simplemente ¡se promocionan a través de su maridaje!. Añádase un precio medio o asequible, y tenemos una buena apuesta para diferenciar un vino y una buena opción como vinos de la casa.

Obviamente a los enópatas, entre los que me cuento, seguramente les parecerá horrible 😉 pero es que estos vinos no se han diseñado pensando en ellos. Todo lo contrario, son vinos entry-level.

Hace algún tiempo una cadena de tiendas británica reorganizó sus vinos a la venta descartando los criterios de denominación de origen, varietal, etc… y en su lugar optó por organizar los vinos por sus aromas: blancos ligeros y afrutados, tintos con cuerpo y tanino, etc… los enópatas pusieron el grito en el cielo, pero las ventas aumentaron.

Visto en Brand Autopsy.

Anuncios